jueves, 4 de septiembre de 2008

HISTORIAS DE LA ABUELA III

Durante una semana los hombres no cenaron y no pudieron ponerse ropa limpia,y los huertos practicamente se extinguieron, a ellos no les quedó otro remedio que reunirse también pero tardaron mucho menos que ellas en tomar una decisión, estaban todos de acuerdo en dejarlas que llevaran las vacas al campo, estaban convencidos que no aguantarían mas de tres días allí arriba, ellos no conocían los planes que las mujeres había previsto.
Al día siguiente esperanza, María y otra de las mujeres del pueblo se fueron al monte con las vacas de todos los vecinos, pasaron el día en el monte sabiendo de sobra lo que se iban a encontrar cuando llegaran a casa, todo por hacer, pero se equivocaron, los hombre habían hecho todo lo que pudieron incluída la cena, habían pedido consejo a algunas vecinas y unos mejor que otros, lo hicieron. Cuando las tres mujeres volvieron del monte, las demás les estabn esperando, les contaron cómo los hombres se habían encargado de todo y algunas propusieron acabar con el plan, creían que ellos habían aprendido la lección, casi convencieron a María pero ella decidió esperar toda la semana para ver si ellos mantenían la actitud, no tenían nada que perder, las mujeres accedieron con la condición de que si al final de la semana ellos seguían igual se darían por vencidas y hablarían con ellos, hasta entonces no podrían decirles ni una palabra. Los hombres, por su parte, no estuvieron tranquilos hasta que no vieron a sus vacas sanas y salvas.
Al día siguiente tampoco hubo ningún cambio, los hombres continuaron limpiando aparentemente encantados y las mujeres en el monte con las vacas, así hasta que llegó el sábado, las mujeres ya habían decidido anunciar a los hombres una asamblea para que todo el pueblo pudiera hablar de lo sucedido pero justo un día antes de anunciar a los hombres la asamblea, ellos se la anunciaron a las mujeres, se reunieron todos en una placita que había enfrente de casa de Esperanza y allí tomó la palabra el marido de María, ya que era su mujer la mas guerrera: Mujeres, creemos que nos hemos equivocado con vosotras, habéis demostrado que sois capaces de cuidar igual que nosotros de las vacas y nosotros os hemos demostrado que también podemos cuidar de la casa pero creemos que todo debe volver a la normalidad ¿no os parece? María asintió y declaró estar bastante contenta conj el discurso de su marido, él continuó, mañana nosotros volvemos con las vacas y vosotras a lo vuestro, María inocente preguntó ¿habéis hecho ya los turnos para llevar a las vacas al monte?, él desconcertado, le explicó que no habría turnos, que todo volvería a ser como antes, entonces María agregó que como antes no porque ella seguiría sin hacer absolutamente nada hasta que ellos no entraran en razón, pero al siguiente día ellos cabezones subieron al monte y ellas persistentes sólo cuidaron de los niños, así estuvieron unas dos o tres semanas hasta que por fin los hombres se rindieron y les dejaron a ellas organizar las tareas, hicieron turnos entre hombres y mujeres para llevar las vacas al monte y los hombres asumieron en sus días libres las tareas del huerto, ellas, por su parte seguían ocupándose de todo lo demás, excepto el día que iban al monte, claro y así consiguieron las mujeres de Manasol unos ratitos libres para pasear, coger flores y jugar con sus hijos, los hombres convencidos al principio de que sus mujeres eran una vagas, descubrieron que también para ellos había tiempo libre. A partir de ese día en Manasol se realizaban asambleas quincenales, asamblea que no sólo dirigía María sino todas las mujeres del pueblo, hacían y discutían propuestas de mejora comunes a todos y poco a poco, a través de las montañas Manasol acabó siendo la envidia de todo el territorio y pueblos vecinos pero ninguno de ellos consiguió lo que consiguieron las mujeres unidas de Manasol.

viernes, 29 de agosto de 2008

HISTORIAS DE LA ABUELA II

........Por la tarde a la hora de la costura cuando todas las mujeres se reunían para coser María con mucho valor, ya que no sabía cómo iban a reaccionar las mujeres, les contó su idea: Me he dado cuenta, comenzó a decir, que nuestros maridos podrían ayudarnos mucho mas de lo que lo hacen, las otras se reían porque sabían que eso era imposible, pero María continuó ¿Por qué nosotras tenemos que ayudarnos las unas a otras porque si no no nos da tiempo a hacerlo todo y ellos en vez de colaborar compiten y pierden el tiempo? Tuvo que explicarlo mejor pero al final las mujeres entendieron lo que María quería decir y reconocieron que tenía razón ¿Y que propones que hagamos para que cambién? Ellos no nos van a escuchar ni a hacer caso, dijo una de las mujeres, pero María estaba tan apasionada que pensaba que nada era imposible, vamos a proponerles que no vayan todos al monte todos los días, que se turnen, y así si uno o dos días se quedan en casa pueden ocuparse del huerto o de alguna de las muchas cosas que nosotras hacemos a diario, no es mucha la ayuda pero menos ayuda tenemos ahora, ¡Propongo que hablemos con ellos esta noche! Las mujeres viudas se callaban y reían, les parecía bien que las jóvenes lo intentaran pero en el fondo sabían lo que iba a pasar. Aquella noche las mujeres sólo ganaron una discusión enrome con sus maridos ¡Pero como quieres que le deje mis vacas al vecino decían ellos, ¿no ves que está todo el día presumiendo de que las suyas son mejores que las nuestras?,¿ y si les hace algo a las vacas? ¿Y si las deja marchar? Al día siguiente y como las viudas pensaban, las mujeres no tuvieron mas ayuda que de costumbre y estaban todas resignadas, todas menos una. Esa tarde María no acudió a coser, fueron a su casa y no la encontraron, hasta que por fin la vieron venir por uno de los caminos que llevaban al pueblo, las mujeres intrigadas le preguntaron de dónde venía con un ramo de flores en la mano, de dar un paseo dijo ella muy tranquilamente, si lo hombres se permiten el lujo de competir yo puedo ir a coger unas flores y a despejarme un rato, pero ellos están a punto de venir ¿Has hecho ya la cena? No y no pienso hacerla, los niños y yo cenaremos unas sobras de la comida, desgraciadamente para mi marido no hay suficiente, hoy no me ha dado tiempo, hubo algunas que se unieron a su revolución, otras la tachaban de vaga y otras no sabían que pensar, una de las viudas dijo: creo que ya es hora de irnos pero mañana venir todas a coser, incluída tú Maria, hay que tomar una decisión antes de que este pueblo caiga en la desgracia.
El marido de María llegó y después de lavarse un poco se sentó a cenar, María puso platos para todos pero cuando llegó la hora de servir a su marido le dijo, lo siento pero no hay comida para ti, el marido no se enfadó, le dijo bueno ya entenderás que mi trabajo es muy importante y no puede sustituirme un vecino cualquiera, ella tampoco dijo nada pero le hervía la sangre, esperaba gritos y reproches pero su marido simplemente no cenó. Al día siguiente en la hora de la costura la viuda que el día anterior había tomado la voz cantante empezó a hablar: María, está muy bien que hayas intentado tener un tiempo para ti, pero estás llegando demasiado lejos y sinceramente no creo que tu vayas a conseguir lo que nunca se ha conseguido, la naturaleza nos ha hecho así, no se puede luchar contra eso, tienes que conformarte con ver crecer a tus hijos y verlos sanos y que tu marido sea feliz, todo lo feliz que él puede ser en el monte, que tampoco para él es plato de gusto, tienes que entender que él tampoco descansa. María contestó: A partir de mañana sólo me voy a encargar de los niños hasta que mi marido me cambie las tareas ¿quién me apoya? Tres mujeres de 20 levantaron las manos y 4 dijeron un NO rotundo, las demás no sabían que decir. María prosiguió su explicación: lo único que pretendo es dar un lección a los hombres, están tan ocupados en cuidar su orgullo que no se dan cuenta de que las cosas pueden hacerse mejor, si nosotras llevamos las vacas al monte podemos turnarnos, podemos ir de tres en tres cada día, los demás días nos quedamos en el pueblo, las que se queden cuidaran de los niños de las demás, eso es demasiado valioso como para que lo haga un hombre, ahora bien, todo, absolutamente todo lo demás lo tendrán que hacer ellos, una de las viudas que no estaba de acuerdo preguntó: pero entonces serán ellos los que no tengan tiempo para nada, además no saben cocinar ¿Cómo van a hacer la comida? María le explicó: esa situación durará sólo hasta que entiendan las ventajas de trabajar juntos y no de forma individual y de lo importante que es confiar en los demás, respecto a la comida estoy dispuesta a comer lechuga y leche, de la comida de los niños se encargaran las que se queden en el pueblo, además si Esperanza pudo llevar sola las vacas al monte ellos pueden cocinar, ¿y cómo conseguiremos que accedan a cocinar, limpiar coser y todo eso? No haciendo nosotras nada repitió María una vez mas y proponiéndoselo cada vez que se quejen, todas las que estaban indecisas fueron convencidas, no se sabe si por María o porque en ese pueblo nunca pasaba nada y había que aprovechar la aventura, pero todavía quedaban las viudas y María lo sabía, ellas no estaban dispuestas a participar de esa aventura, hasta que María insinuó que con el trabajo cooperativo ellas no tendrían que renunciar a las vacas, podrían conservarlas. Ahí solo pudieron ceder.......

jueves, 28 de agosto de 2008

HISTORIAS DE LA ABUELA I


Como todos los años el 3 de febrero a la 13:00 en punto de la tarde sonaba el timbre en casa de Beatriz, para entonces ella lo tenía todo preparado, la mesa puesta y la comida esperando en el horno. Todos sus hijos y nietos estaban invitados a comer y por supuesto nadie faltaba a la cita.
Desde que sus hijos se casaron y se fueron de casa, Beatriz empezó a preparar comidas el tres de febrero, ella no era una mujer nada convencional y quizás por eso se le ocurrió hacer una comida ineludible para todos en una fecha cualquiera, daba igual que fuera lunes o domingo todos iban a comer a su casa y a nadie se le ocurría poner escusas de trabajo. Pero este año los nietos de Beatriz estaban especialmente ilusionados con la comida ya que era un sábado, lo que para ellos significaba poder pasar toda la tarde escuchando una de las historias que su abuela contaba apasionadamente, y decimos una porque Beatriz no era dada a contar mas de una por comida “Mi vida no ha sido tan larga como para contar dos historias por día”, solía contestar cuando sus nietos a coro le pedían otra y otra historia más. Porque eso sí, ella presumía de que no sólo todas las historias que contaba eran reales sino que también eran parte de su vida.
Lo que sus nietos no sabían era que su abuela seleccionaba las historias con mucho cuidado, dos días antes empezaba a pensar en ello y a seleccionar una entre las muchas que tenía en la cabeza, para ello tenía en cuenta la edad de los niños, su madurez, sus intereses… ellos ya estaban bastante creciditos por lo que este año Beatriz por fin iba a contar su historia favorita, era un poco increíble y no estaba muy segura de cómo iban a reaccionar sus nietos pero era tan apasionante que no podía dejar de contarla.
Una vez que todos habían terminado de comer, Beatriz se hizo de rogar haciendo creer a sus nietos que este año no tenía ninguna historia preparada, pero ellos ya sabían que eso no era posible, así que tras quince minutos de incertidumbre se puso cómoda y empezó a relatarla, era la historia de Manasol y sus gentes.
“La primera vez que fui a Manasol, yo tenía 15 años, había ido a vivir con mi tía que se había quedado viuda y algo sola, así que mis padres decidieron que fuera una temporada a hacerle compañía, era una mujer afable y a mi no me importaba vivir una temporada con ella, me molestaba mas pensar que no había nada que hacer en un pueblo tan pequeño. Un pueblo aislado por montañas que poco a poco iréis descubriendo, como en su día lo hice yo, que era muy distinto a los que estaban mas cercanos a él. Con el paso de los días descubrí que en Manasol, lo que faltaba a las mujeres era tiempo. Ellas cultivaban el huerto, cosían la ropa, cuidaban a los niños, hacían la comida y por supuesto limpiaban la casa. Mi tía y yo no estábamos tan ocupadas como las demás ya que no teníamos niños que era casi lo que mas tiempo llevaba, especialmente si eran bebes, pero ayudábamos a las vecinas mas atareadas. Pero no os confundáis porque que cuidaran de los niños no significaba que disfrutaran de ellos, había tanto por hacer que no había tiempo para jugar , simplemente los cuidaban” “¿Y por qué no las ayudaban sus maridos después del trabajo?” preguntó una de sus nietas “En Manasol sus habiantes no tenían trabajos como los de ahora, trabajaban para ellos mismos, es decir, comían lo que les daba el huerto y el ganado, así que los hombres pasaban el día en la montaña sacando a pastar el ganado, salían de casa muy temprano por la mañana y llegaban al anochecer, cuando la cena ya estaba lista y todo el trabajo de las mujeres terminado. Solía considerarse que sacar el ganado al monte era un trabajo muy duro para que lo hicieran las mujeres, por eso tampoco se turnaban en las tareas, de hecho, cuando mi tío murió, mi tía, que sólo tenía dos vacas se las arrendó a un vecino a cambio de leche y un poco de carne, que por cierto no era demasiada, ya que nosotras tampoco consumíamos mucha. Podía decirse que la solución era difícil, entre otras cosas porque nadie tenía tiempo para pensar, tampoco ellas se creían infelices, nunca habían conocido otra forma de vivir, aunque soñaban con tener mas tiempo para ir a dar un paseo por el monte y recoger flores o para enseñar a sus hijos los secretos del valle en el que vivían o simplemente para sentarse a tomar un infusión de alguna de las hierbas que la naturaleza les daba. Cuando se sentaban a coser hablaban de ello y a veces pensaban soluciones pero no se les ocurría, ya colaboraban todo lo que podían unas con otras, era casi imposible encontrar una solución viable. Un día el marido de una de las mujeres del pueblo se puso muy malo de la espalda, algo parecido al lumbago, así que al día siguiente sus vacas no salieron al campo, la mujer no pudo llevarlas, tenía que cuidar de su marido. Como las vacas no podían estar mas de un día sin salir la mujer dijo a su marido que pediría al vecino que las sacara pero su él no quiso, los hombres eran muy desconfiados y orgullosos, competían en el monte por ver quién tenía las mejores vacas y aunque la relación entre ellos era cordial no se fiaban mucho los unos de los otros, así que el marido dijo a la mujer que las sacara ella, sería sólo un día, la mujer no sabía que decir, lo primero que se le pasó por la cabeza fue que ella nunca había sacado a las vacas y no estaba muy segura de que supiese manejarlas, pero no dijo nada, lo segundo fue quién cuidaría de los niños y haría el trabajo de casa, pero a su marido tampoco le contó nada de esto, se lo contó a María una vecina un poco mayor que ella y con bastante mas carácter, quizás mas inteligente también, y María la ayudó, ella se encargaría de sus hijos y del huerto mientras la vecina del marido enfermo se iba al monte con las vacas. Al día siguiente Esperanza, que así se llamaba la mujer, descubrió que manejar a las vacas era bastante fácil, como ya se sabían el camino iban prácticamente solas y una vez que llegaban a donde estaban los pastos se limitaban a comer y a tumbarse, mientras Esperanza cogía flores, se tumbaba en la hierba u observaba el cielo tan bonito que prácticamente nunca se había detenido a observar, en resumen podemos decir que ella se encontró mas a gusto con las vacas que haciendo los trabajo de casa, sólo le preocupaban sus hijos, aunque en María podía confiar. Cuando estuvo de vuelta en el pueblo su marido se encontraba bastante mejor por lo que por desgracia al día otro día sería de nuevo él el que sacara a las vacas, en el fondo como debe de ser, imagino, le decía Esperanza a María cuando le contaba su aventura. A raíz de todo este hecho María se puso a pensar, descuidó un poco la casa ya que estaba todo el día en la inopia pero a cambio tuvo una idea, una brillante idea.

viernes, 6 de junio de 2008

¡Otro vino por favor!

Como todos los miércoles desde hace un año he salido a tomar unos vinos, debería haber pedido una sidra pero ya han cambiado demasiadas cosas en mi vida como para cambiar también el vino por la sidra. Hay poca gente en el bar, por eso quizás se fijan mas en mí de lo que lo hubieran hecho si el bar hubiera estado lleno, o quizás es mi imaginación, no lo se. Me he puesto guapa para intentar subirme la moral, me he bajado al primer bar que he visto y he pedido un rueda, uno de tantos de los que me tomaba con vosotras en Madrid, pero esta vez estoy sola, demasiado sola. Creí que necesitaba salir un rato de casa pero creo que me he equivocado, lo que necesito es volver aunque sólo sea un rato, a casa. Igual este vino que me estoy bebiendo me está emborrachando un poco pero me empiezo a sentir vacía, vacía por no tener nada, por no tener familia, por no tener amigos, por no tener trabajo. Vine por hacerle feliz y al menos eso lo he conseguido, era fácil, sólo tenía que decir que sí y ¿Quien era yo para negarte la felicidad? No podía hacerlo, y no le dí a elegir, simplemente me monté en el coche y me vine a vivir al otro extremo del país, él trabaja tiene amigos, está en su tierra y todo eso me lo presta cada vez que lo necesito, pero yo no quiero vivir de prestado, yo quiero poseer mi propia felicidad. No puedo evitar darme pena y ponerme a llorar, debería contarle todo esto a él. ¡Me ponga otro vino por favor! pero me da mucha verguenza, se le ve tan feliz.....aunque por otra parte ¿Quien soy yo para negarme la felicidad, negarme mis amigos, negarme mi tierra? En fin niñas, que ya se me pasa el sofoco, que no os preocupeis por mi, ahora tengo que irme a casa porque si me pido otro vino para poder llorar me van a llamar la atención. Se me hace un poco raro tomarme sólo dos pero claro cuando estás en compañía cinco te los tomas casi sin darte cuenta, cuando estás sola hasta dos vinos se te hacen eternos.

jueves, 29 de mayo de 2008

Quizás......

Llueve toda la semana, mas bien, llueve todo el mes. Y yo aquí, en casa, saliendo demasiado poco, sólo una cañita semanal para despejar mi cabeza, y entre libros y mas libros renacen los recuerdos con una llamada que me intenta tocar el corazón, recordándome mis tiempos de colegio y esque esos recuerdos no están tan lejos: sólo a un hora y cuarto de mi casa, pero yo solita he convertido ese tiempo en un abismo que con el paso de los años se van convirtiendo en insalvables. Decidí romper el abismo que yo sola había creado con una llamada para haber si también era capaz de tocar el corazoncito de alguien, pero no lo fuí, o quizás esque el abismo no lo construí yo sola, en fin niños y fantasmas de mi infancia, que ya va siendo hora que nos reencontramos pero esta vez con otras vidas, quizás con otra imagen, quizás....... quizas.......

viernes, 11 de enero de 2008

la vida del parado

Pues sí, me he quedado en paro. Hace un tres años cuando empecé a trabajar esto del paro me parecía de vagos, de gente sin objetivos en la vida, sin metas, con profesiones frustadas etc etc.... Ahora sin embargo, que podemos decir que he llegado a esta situación de forma casi voluntaria, me parece maravilloso. Resulta que existe una vida después del trabajo y encima es nuestro derecho!!!! Esto es importante decirlo de vez en cuando porque por lo visto (tal y como yo pensaba hace tres años) está un poco mal visto esta cosa extraña de vivir del estado durante un tiempo. A mí todo el mundo me decía "pero no solicites el paro, si lo que tienes que hacer es buscar un curro...." ¿Lo que tengo que hacer? ¿Por qué? ¿No me merezco un descanso después de tres años ininterrumpidos? No esque vaya a estar el resto de mi vida viviendo del gran Dios que viene siendo el Estado, pero hombre 2 ó 3 meses no es ningún delito y además ¡¡¡Que es mi derecho!!!! mas aún ¡¡¡¡¡Nuestro derecho!!!!! En fin, que yo creo que lo que toca ahora es aprender a vivir sin stress, levantrase sin prisa, sin correr desde las 8 de la mañana en la ducha, aprobar mi carrera de antropología, aprender a hacer lentejas y que coño ahora que tengo tiempo para escribir¡¡¡¡¡Abrirme un blog!!!!