........Por la tarde a la hora de la costura cuando todas las mujeres se reunían para coser María con mucho valor, ya que no sabía cómo iban a reaccionar las mujeres, les contó su idea: Me he dado cuenta, comenzó a decir, que nuestros maridos podrían ayudarnos mucho mas de lo que lo hacen, las otras se reían porque sabían que eso era imposible, pero María continuó ¿Por qué nosotras tenemos que ayudarnos las unas a otras porque si no no nos da tiempo a hacerlo todo y ellos en vez de colaborar compiten y pierden el tiempo? Tuvo que explicarlo mejor pero al final las mujeres entendieron lo que María quería decir y reconocieron que tenía razón ¿Y que propones que hagamos para que cambién? Ellos no nos van a escuchar ni a hacer caso, dijo una de las mujeres, pero María estaba tan apasionada que pensaba que nada era imposible, vamos a proponerles que no vayan todos al monte todos los días, que se turnen, y así si uno o dos días se quedan en casa pueden ocuparse del huerto o de alguna de las muchas cosas que nosotras hacemos a diario, no es mucha la ayuda pero menos ayuda tenemos ahora, ¡Propongo que hablemos con ellos esta noche! Las mujeres viudas se callaban y reían, les parecía bien que las jóvenes lo intentaran pero en el fondo sabían lo que iba a pasar. Aquella noche las mujeres sólo ganaron una discusión enrome con sus maridos ¡Pero como quieres que le deje mis vacas al vecino decían ellos, ¿no ves que está todo el día presumiendo de que las suyas son mejores que las nuestras?,¿ y si les hace algo a las vacas? ¿Y si las deja marchar? Al día siguiente y como las viudas pensaban, las mujeres no tuvieron mas ayuda que de costumbre y estaban todas resignadas, todas menos una. Esa tarde María no acudió a coser, fueron a su casa y no la encontraron, hasta que por fin la vieron venir por uno de los caminos que llevaban al pueblo, las mujeres intrigadas le preguntaron de dónde venía con un ramo de flores en la mano, de dar un paseo dijo ella muy tranquilamente, si lo hombres se permiten el lujo de competir yo puedo ir a coger unas flores y a despejarme un rato, pero ellos están a punto de venir ¿Has hecho ya la cena? No y no pienso hacerla, los niños y yo cenaremos unas sobras de la comida, desgraciadamente para mi marido no hay suficiente, hoy no me ha dado tiempo, hubo algunas que se unieron a su revolución, otras la tachaban de vaga y otras no sabían que pensar, una de las viudas dijo: creo que ya es hora de irnos pero mañana venir todas a coser, incluída tú Maria, hay que tomar una decisión antes de que este pueblo caiga en la desgracia.
El marido de María llegó y después de lavarse un poco se sentó a cenar, María puso platos para todos pero cuando llegó la hora de servir a su marido le dijo, lo siento pero no hay comida para ti, el marido no se enfadó, le dijo bueno ya entenderás que mi trabajo es muy importante y no puede sustituirme un vecino cualquiera, ella tampoco dijo nada pero le hervía la sangre, esperaba gritos y reproches pero su marido simplemente no cenó. Al día siguiente en la hora de la costura la viuda que el día anterior había tomado la voz cantante empezó a hablar: María, está muy bien que hayas intentado tener un tiempo para ti, pero estás llegando demasiado lejos y sinceramente no creo que tu vayas a conseguir lo que nunca se ha conseguido, la naturaleza nos ha hecho así, no se puede luchar contra eso, tienes que conformarte con ver crecer a tus hijos y verlos sanos y que tu marido sea feliz, todo lo feliz que él puede ser en el monte, que tampoco para él es plato de gusto, tienes que entender que él tampoco descansa. María contestó: A partir de mañana sólo me voy a encargar de los niños hasta que mi marido me cambie las tareas ¿quién me apoya? Tres mujeres de 20 levantaron las manos y 4 dijeron un NO rotundo, las demás no sabían que decir. María prosiguió su explicación: lo único que pretendo es dar un lección a los hombres, están tan ocupados en cuidar su orgullo que no se dan cuenta de que las cosas pueden hacerse mejor, si nosotras llevamos las vacas al monte podemos turnarnos, podemos ir de tres en tres cada día, los demás días nos quedamos en el pueblo, las que se queden cuidaran de los niños de las demás, eso es demasiado valioso como para que lo haga un hombre, ahora bien, todo, absolutamente todo lo demás lo tendrán que hacer ellos, una de las viudas que no estaba de acuerdo preguntó: pero entonces serán ellos los que no tengan tiempo para nada, además no saben cocinar ¿Cómo van a hacer la comida? María le explicó: esa situación durará sólo hasta que entiendan las ventajas de trabajar juntos y no de forma individual y de lo importante que es confiar en los demás, respecto a la comida estoy dispuesta a comer lechuga y leche, de la comida de los niños se encargaran las que se queden en el pueblo, además si Esperanza pudo llevar sola las vacas al monte ellos pueden cocinar, ¿y cómo conseguiremos que accedan a cocinar, limpiar coser y todo eso? No haciendo nosotras nada repitió María una vez mas y proponiéndoselo cada vez que se quejen, todas las que estaban indecisas fueron convencidas, no se sabe si por María o porque en ese pueblo nunca pasaba nada y había que aprovechar la aventura, pero todavía quedaban las viudas y María lo sabía, ellas no estaban dispuestas a participar de esa aventura, hasta que María insinuó que con el trabajo cooperativo ellas no tendrían que renunciar a las vacas, podrían conservarlas. Ahí solo pudieron ceder.......
El marido de María llegó y después de lavarse un poco se sentó a cenar, María puso platos para todos pero cuando llegó la hora de servir a su marido le dijo, lo siento pero no hay comida para ti, el marido no se enfadó, le dijo bueno ya entenderás que mi trabajo es muy importante y no puede sustituirme un vecino cualquiera, ella tampoco dijo nada pero le hervía la sangre, esperaba gritos y reproches pero su marido simplemente no cenó. Al día siguiente en la hora de la costura la viuda que el día anterior había tomado la voz cantante empezó a hablar: María, está muy bien que hayas intentado tener un tiempo para ti, pero estás llegando demasiado lejos y sinceramente no creo que tu vayas a conseguir lo que nunca se ha conseguido, la naturaleza nos ha hecho así, no se puede luchar contra eso, tienes que conformarte con ver crecer a tus hijos y verlos sanos y que tu marido sea feliz, todo lo feliz que él puede ser en el monte, que tampoco para él es plato de gusto, tienes que entender que él tampoco descansa. María contestó: A partir de mañana sólo me voy a encargar de los niños hasta que mi marido me cambie las tareas ¿quién me apoya? Tres mujeres de 20 levantaron las manos y 4 dijeron un NO rotundo, las demás no sabían que decir. María prosiguió su explicación: lo único que pretendo es dar un lección a los hombres, están tan ocupados en cuidar su orgullo que no se dan cuenta de que las cosas pueden hacerse mejor, si nosotras llevamos las vacas al monte podemos turnarnos, podemos ir de tres en tres cada día, los demás días nos quedamos en el pueblo, las que se queden cuidaran de los niños de las demás, eso es demasiado valioso como para que lo haga un hombre, ahora bien, todo, absolutamente todo lo demás lo tendrán que hacer ellos, una de las viudas que no estaba de acuerdo preguntó: pero entonces serán ellos los que no tengan tiempo para nada, además no saben cocinar ¿Cómo van a hacer la comida? María le explicó: esa situación durará sólo hasta que entiendan las ventajas de trabajar juntos y no de forma individual y de lo importante que es confiar en los demás, respecto a la comida estoy dispuesta a comer lechuga y leche, de la comida de los niños se encargaran las que se queden en el pueblo, además si Esperanza pudo llevar sola las vacas al monte ellos pueden cocinar, ¿y cómo conseguiremos que accedan a cocinar, limpiar coser y todo eso? No haciendo nosotras nada repitió María una vez mas y proponiéndoselo cada vez que se quejen, todas las que estaban indecisas fueron convencidas, no se sabe si por María o porque en ese pueblo nunca pasaba nada y había que aprovechar la aventura, pero todavía quedaban las viudas y María lo sabía, ellas no estaban dispuestas a participar de esa aventura, hasta que María insinuó que con el trabajo cooperativo ellas no tendrían que renunciar a las vacas, podrían conservarlas. Ahí solo pudieron ceder.......